Sistemas electorales y democracia representativa

jueves, 5 de marzo de 2009

Uno de los aspectos que más controversias causan en todos los sistemas democráticos del mundo es la forma en que se eligen a los representantes de los ciudadanos. Es una cuestión de suma importancia, puesto que del procedimiento electoral depende qué estructura institucional surge y qué prácticas políticas se producen.

Así pues, a menudo se debate sobre qué clase de sistema electoral es el más adecuado para lograr instituciones representativas de calidad. Se quiere que sean dinámicas, pero también estables; responsables, pero también plurales. Cuando se habla de las elecciones parlamentarias, se intenta que los diputados tengan un amplio margen al decidir su voto, pero también que éste sea razonablemente previsible para el ciudadano que le vota (si yo voto a un candidato/lista del partido conservador, es porque presupongo que su voto parlamentario coincidirá con el ideario del partido que lo presenta).

Con estos mimbres, se trata de elaborar un régimen electoral con cuyos resultados puedan sentirse identificados los ciudadanos (“legitimidad social”). Cuando hablamos de un “sistema electoral mayoritario” (normalmente) nos referimos a aquel en que el territorio del Estado está dividido en pequeñas circunscripciones que eligen, cada una, un solo representante. Puede hacerse a una o dos vueltas (entre los candidatos más votados), pero lo esencial es que el que tiene más votos, aunque sea sólo uno más, se lleva el escaño y los votantes del otro candidato se quedan sin ninguna clase de representación. Cuando hablamos de “sistema electoral proporcional” nos referimos a aquel sistema en el que cada partido – o agrupación de electores – presenta una lista de candidatos por cada circunscripción (puede ser una única circunscripción o varias), y el número de diputados por partido se eligen en proporción al voto recibido. Éste último es el que tenemos en España.

Es necesario aclarar un par de ideas que a veces se olvidan. Para empezar, el régimen electoral no afecta al modelo de gobierno, aunque haya quien no lo sepa. Existen sistemas parlamentarios donde los diputados se eligen por voto mayoritario (Gran Bretaña), regímenes presidencialistas donde los diputados se eligen por voto mayoritario (Estados Unidos) y regímenes parlamentarios donde los diputados se escogen en voto en lista (Finlandia, Israel o España). Además, la selección de las características de un sistema electoral tiene suma cero: un régimen proporcional automáticamente supone menos libertad de voto para el diputado, puesto que su elección queda vinculada a la lista del partido; un régimen de tipo mayoritario supone automáticamente que las minorías van a tener casi imposible entrar en el parlamento. Ello significa que los sistemas proporcionales estimulan el voto en bloque de los diputados de un mismo partido pero permiten que los minorías entren en el parlamento, mientras que los sistemas mayoritarios tienden a derivar en regímenes ideológicamente poco representativos, pero donde el diputado es mucho más libre al actuar, puesto que su elección se fundamenta en una gran popularidad personal.

Si la pregunta es ¿qué sistema electoral es mejor? La respuesta es sumamente compleja, porque hay múltiples combinaciones y regulaciones, y las distintas variantes tienen vicios y virtudes.

Por mi parte, prefiero un sistema proporcional. Me explico: es cierto que el régimen proporcional reduce la posibilidad de los ciudadanos de controlar a cada uno de los diputados concretos, pero el resultado da cuenta de forma mucho más aproximada de la composición ideológica de la sociedad. El régimen electoral mayoritario parece facilitar el control político de cada diputado por sus electores pero falla en la representación proporcional de las ideas del electorado. CUIDADO: este no es un problema menor. Se entenderá perfectamente con un ejemplo.

En 2005, se celebraron elecciones generales en Gran Bretaña. El resultado resumido es el siguiente:


Es decir, el Partido Laborista, con sólo un 35% de los votos, obtiene el 55% de los escaños (mayoría absoluta). Los conservadores, con un 32% de los votos, se llevan casi un 31% de los diputados. Y los liberal-demócratas, con un 22% de los sufragios, se llevan un mero 9.6%. Queda claro que no parece muy lógico que un partido con el 35% de los votos y que gana por sólo un 3%, se lleve la mayoría absoluta de los escaños parlamentarios y obtenga 150 diputados más que el segundo.

Pero es que en 2001, el resultado fue aún más radical:


Los laboristas, con apenas un 41% de los votos, se llevaron el 62,5% de los escaños.

Nadie debe olvidar que, en España, el 60% de los escaños significa la posibilidad de aprobar reformas constitucionales.
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12 opinones:

Republica Rojigualda dijo...

Sí, claro, significa la posibilidad de aprobar reformas constitucionales, pero eso presupone que ese 60% de diputados va a votar en el mismo sentido. Y en Reino Unido eso no es así.

¿Qué es más representativo, un sistema electoral donde los diputados votan lo que les manda el partido o donde los diputados votan en conciencia o según indicaciones de sus electores? Y si todos los parlamentarios votan lo que les dice el cabeza de partido, ¿qué sentido tiene mantener a 350 señores para que le den al botón y aplaudan al jefe cuando habla? Para eso, que haya tantos diputados como partidos en el parlamento y que se aplique el voto ponderado. Así acabaríamos con esta estafa de parlamento que tenemos.

Mario García dijo...

RR,

Partes de la base errónea de que los diputados británicos no dependen del partido. Eso es manifiestamente falso. Presentarse como candidato de un partido político no sólo es necesario para conseguir los votos de los fieles de ese partido (votos imprescindibles para obtener el escaño en un sistema mayoritario), sino que el respaldo del poderoso aparato de campaña de un partido asegura la provisión de fondos para financiar la campaña electoral del candidato.

Es muy habitual en la política americana y británica que los diputados del partido en el poder se vean presionados por sus partidos con perder el respaldo organizativo del aparato, con obligar al candidato a presentarse como independiente (lo que significa la casi segura pérdida del escaño). En EEUU ello alcanza cotas especialmente elevadas, puesto que el Presidente puede llegar a apoyar en las primarias a un candidato alternativo.

Luego señalas que "todos los diputados tendrían que votar lo mismo". Pues claro que sí. ¿Acaso con un 62,5% de escaños no asegura al Partido Laborista una cómoda mayoría para aprobar leyes? Leyes que, de otro modo, se verían obligados a negociar con el partido de la oposición.

Además, pareces olvidar que, aunque los diputados tengan un mayor rango de opciones al votar, la pertenencia a un partido político implica que el diputado tiene una tendencia política definida que va a reflejarse en su voto. No cabe duda de que un diputado laborista va a reflejar las políticas básicas del Laborismo. Políticas respaldadas por un mero 40% de los votantes, pero que se traducen en un 62% de escaños en el Parlamento.

Por último, ¿qué es más representativo un sistema electoral donde los diputados votan conforme a la línea política de su partido o conforme al voto de sus electores?

Pues en un sistema proporcional, la línea política del partido se indentifica muy aproximadamente con las opiniones de sus votantes (si no, no tendrían el escaño).

Anónimo dijo...

Pues en un sistema proporcional, la línea política del partido se indentifica muy aproximadamente con las opiniones de sus votantes (si no, no tendrían el escaño).

¿En serio? ¿y si no hay partidos suficientes que garanticen la representatividad plural de la sociedad? ¿que ocurre en ese caso?. En España ha llegado a haber 4/5 partidos ideologicamente diferenciados(AP, UCD, PSOE, PC, PSP), mas adelante han coincido (PP, PSOE, CDS, IU) pero los partidos minoritarios han sido sacrificados con el tiempo para supuestamente apoyar una causa mayor que PP y PSOE deberian cumplir, ¿Lo han hecho? ni de broma, y habrá que ver cuanto tiempo podrá resistir UPyD.


Le recomiendo que se mire el programa "500 claves de la transición" está en youtube. Podrá darse cuenta de para que vale un sistema electoral proporcional, con la circunscripcion actual y basado en listas.

Mario García dijo...

¿En serio?

Sí.

¿y si no hay partidos suficientes que garanticen la representatividad plural de la sociedad?

Pues alguien lo crea, como pasa en todas las democracias. Cuando queda un hueco en el campo ideológico, enseguida surgen nuevos partidos que tratan de ocuparlo, lo que lleva a los otros partidos a reaccionar para tratar de evitarlo (no sé si has visto al PP hablar de bilingüismo en Galicia... desde que UPyD lo planteó).

Respecto de la histórica pluralidad de partidos que planteas te respondo: ¿y no se te ocurre que con el tiempo la sociedad española ha evolucionado hacia el bilpartidismo? La caída de UCD (que era un partido democristiano) coincide con la progresiva moderación de AP, y la reconversión del PSOE en un partido socialdemócrata le reporta muy buenos resultados.

El problema que tiene nuestro sistema electoral es que perjudica al voto disperso por estar dividido por provincias hace que la que sería tercera fuerza política (IU) haya prácticamente desaparecido, y que UPyD tenga dificultades.

Por eso pido la reforma electoral, pero ello no afecta al cuerpo central del argumento: los sistemas proporcionales representan mucho más fielmente la composición ideológica de la sociedad, y evitan que un partido se alce con una enorme mayoría parlamentaria sin tener respaldo social suficiente.

oraculador dijo...

Estoy de acuerdo con Mario, me parece mejor el sistema proporcional.

Eso de que "los diputados votan en conciencia según indicaciones de sus electores" suena muy bonito, pero en la práctica significaría que cada diputado votaría lo que le diera la gana en cada asunto, y sus electores no podrían hacer nada por impedirlo. Si ya tenemos transfuguismo con un sistema de disciplina de partido, imagínate si no la hubiera, sería un cachondeo.

Lo que sí comparto es que igual no tiene sentido mantener a 350 diputados cuando la mayoría sólo hace "apretar el botón".

Mario García dijo...

Oraculador,

Es que además, basta ver cómo funciona el Senado, donde el voto es mayoritario (aunque en circunscripción plurinominal, es decir, se eligen a 4 senadores por circunscripción entre los 4 candidatos más votados), y se comprueba perfectamente que el resultado es siempre el mismo 3-1.

¿Motivo? Cada partido puede presentar como máximo 3 candidatos, y la gente, en vez de votar a los candidatos que más les gusten de todos los que se presentan por los distintos partidos, votan en bloque a los candidatos del mismo partido.

Eso hace que los 3 candidatos del partido más votado y que un candidato del segundo partido más votado (el que tenga algún voto más, que es normalmente el que aparece más arriba en la papeleta) salgan elegidos.

Lo más suave que se puede decir del sistema del Senado español es que es una chapuza, porque ni es proporcional (así que los representantes elegidos no representan fielmente la composición ideológica) ni permite, al no ser unipersonal, alguna clase de control de los ciudadanos: con 3 candidatos por partido, cada formación hace campaña por el partido y no por el candidato, algo que, por otro lado, probablemente pasase aunque la circunscripción fuese unipersonal.

Aunque el sistema mayoritario unipersonal funcione bien en EEUU o en Gran Bretaña, hay que señalar que no todos los sistemas funcionan igual en todos los países. No todas las sociedades viven la política de la misma manera, y mientras que el mundo anglosajón es mucho más individualista, los europeos le damos mucha más importancia a la vertiente colectiva de la política (la mal-llamada "partitocracia"), donde las decisiones políticas se consensúan primero en las formaciones que representan ideológicamente a la sociedad, y luego se trasladan al Parlamento.

Esa concepción de la política difícilmente desaparecería, aunque se cambiase el sistema, y la mayor parte de las personas votaría automáticamente a cualquier candidato que presentase el partido con el que se identifica.

PD: Eliminar a los 350 diputados para sustituirlos por un solo diputado con voto ponderado es un error. Los diputados pueden presionar a la dirección de su partido si, por ejemplo, una determinada medida perjudica seriamente a su circunscripción. Como es lógico, la influencia que esa presión puede ejercer sobre el partido variará en función del diputado, del número de otros diputados que le apoyen, y de la materia de que se trate. No olvidemos que, la disciplina de voto puede romperse en cualquier momento (¿nadie se acuerda ya de Luisa Fernanda Rudi, diputada por Zaragoza --creo-- rompiendo la disciplina de voto popular en la materia del transvase del Ebro?).

Muchas veces, los ciudadanos no somos conscientes de los movimientos internos de los partidos, y sólo vemos que el resultado es el voto en bloque.

Republica Rojigualda dijo...

”Presentarse como candidato de un partido político no sólo es necesario para conseguir los votos de los fieles de ese partido (votos imprescindibles para obtener el escaño en un sistema mayoritario), sino que el respaldo del poderoso aparato de campaña de un partido asegura la provisión de fondos para financiar la campaña electoral del candidato.”
Sí, claro, necesitan el respaldo del aparato del partido para poder ganar unas elecciones…o no. En el Senado estadounidense han 2 independientes, ¿cuántos independientes se pueden encontrar en las Cortes españolas? Siendo los independientes una minoría, y aceptando tu argumento de que el parlamentario necesita generalmente el respaldo del partido, ¿acaso esas eventuales presiones que pudiera recibir el diputado se traducen en obedecer las órdenes del partido a la hora de votar? No, porque allí han asumido que diputado representa a sus electores y no al partido por el que se presenta.

“¿Acaso con un 62,5% de escaños no asegura al Partido Laborista una cómoda mayoría para aprobar leyes? Leyes que, de otro modo, se verían obligados a negociar con el partido de la oposición.”
Conoces muy poco la política anglosajona. En Reino Unido no se reúnen los dirigentes de los partidos mayoritarios para decidir el calendario político y las leyes que se van a aprobar, como sucede en España. Allí el parlamento no es una mera escenificación de las decisiones que extraparlamentariamente han tomado los dirigentes partidarios. El parlamento de Westminster es un verdadero parlamento, donde se debate y se decide, y donde el resultado de las votaciones es imprevisible. Y lo es porque Gordon Brown no controla a los diputados laboristas, ni David Cameron controla a los conservadores. De controlarlos alguien, los controlan los electores, pues los parlamentarios van todos los fines de semana a su distrito a conocer las necesidades y la opinión de sus electores. Un ejemplo muy claro de ello es la rebelión de parlamentarios laboristas contra Tony Blair con motivo de la guerra de Irak.

“Además, pareces olvidar que, aunque los diputados tengan un mayor rango de opciones al votar, la pertenencia a un partido político implica que el diputado tiene una tendencia política definida que va a reflejarse en su voto. No cabe duda de que un diputado laborista va a reflejar las políticas básicas del Laborismo”
¿Cuáles son las políticas básicas del laborismo? ¿Las que marca la línea oficial del partido? Pues no, aquello no es España. Dentro del laborismo hay socialdemócratas, hay social-liberales, hay social-cristianos, hay republicanos… Y es que dentro del laborismo caben posturas de lo más contrapuestas, que se reflejan en el voto de los diputados.

“La caída de UCD (que era un partido democristiano) coincide con la progresiva moderación de AP, y la reconversión del PSOE en un partido socialdemócrata le reporta muy buenos resultados.”
Vamos a ver, UCD no era un partido democristiano. Era una coalición de democristianos, socialdemócratas, liberales, falangistas reciclados y trepas inclasificables. La caída de UCD coincide con la dimisión de Suárez y el 23-F, no con la reconversión a la socialdemocracia del PSOE, que sucedió dos años antes, ni con la moderación de AP, que seguía siendo igual de franquista que al principio de la transición. Salvo los casos de CDS y UPD, no aparecen nuevos partidos en el mapa político, puesto que la casta política se blinda imponiendo barreras de entrada casi infranqueables, para evitar la posibilidad de que aparezca una nueva fuerza política que les quite espacio político.

”Cada partido puede presentar como máximo 3 candidatos, y la gente, en vez de votar a los candidatos que más les gusten de todos los que se presentan por los distintos partidos, votan en bloque a los candidatos del mismo partido.”
La razón de que pase eso es sencilla: si la inmensa mayoría de los diputados son desconocidos para los electores, en el caso del Senado eso sucede pero con varias vueltas de tuerca más. En consecuencia, la gente vota al Senado igual que votarían al Congreso, a partidos y no a candidatos.

“No todas las sociedades viven la política de la misma manera, y mientras que el mundo anglosajón es mucho más individualista, los europeos le damos mucha más importancia a la vertiente colectiva de la política (la mal-llamada "partitocracia"), donde las decisiones políticas se consensúan primero en las formaciones que representan ideológicamente a la sociedad, y luego se trasladan al Parlamento.”
Eso de que las decisiones políticas se consensuan te lo crees tú. ¿Quiénes las consensuan? ¿El presidente, el secretario general y el portavoz, y si acaso, los secretarios de áreas? Es decir, la cúpula de los partidos les dicen a los diputados lo que tienen que votar, ese es el consenso. Es decir, el consenso, un valor tan partitocrático, ni siquiera es tal, es simple imposición. ¿Eso es mentalidad, idiosincrasia? En todo caso será la mentalidad de la democracia, individualista natrualmente, vs la mentalidad de la partitocracia, piramidal y despótica.

”Los diputados pueden presionar a la dirección de su partido si, por ejemplo, una determinada medida perjudica seriamente a su circunscripción. Como es lógico, la influencia que esa presión puede ejercer sobre el partido variará en función del diputado, del número de otros diputados que le apoyen, y de la materia de que se trate. No olvidemos que, la disciplina de voto puede romperse en cualquier momento (¿nadie se acuerda ya de Luisa Fernanda Rudi, diputada por Zaragoza --creo-- rompiendo la disciplina de voto popular en la materia del transvase del Ebro?).”
Es curioso que pongas el ejemplo de Rudi. Son tan pocos los ejemplos de ruptura de disciplina de partido que siempre se recurre a los mismos ejemplos. Rudi puede romper la disciplina de voto, porque es Rudi. Y a la ex presidenta del Congreso una advenediza como Soraya o Cospedial no le pueden leer la cartilla. Pero, ¿qué hay de los dos diputados murcianos que votaron en contra del estatuto de Castilla-La Mancha? Esos, sancionados por el partido, y tuvieron suerte de que la cosa se quedara ahí.
El diputado puede romper la disciplina de voto, pero sabe que como poco, tiene una multa, y en el peor de los casos supone el fin de su carrera política.

”Muchas veces, los ciudadanos no somos conscientes de los movimientos internos de los partidos, y sólo vemos que el resultado es el voto en bloque.”
Muchas veces no, siempre. ¿Cómo vamos a ser conscientes de los movimientos internos si estos los lleva a cabo una élite al margen del escrutinio de los medios?

Por último, voy a hacer un breve comentario al argumento partitócrata por excelencia, que tanto te gusta: los partidos, votando en bloque, representan mejor la composición ideológica de la sociedad que diputados con libertad de voto. ¿Cómo es posible que unos pocos partidos monolíticos representen mejor a la sociedad que cientos de parlamentarios votando en conciencia o por indicaciones de sus electores? O lo que es lo mismo, hay que suponer, según tu razonamiento, que todos los votantes del PSOE (o una mayoría aplastante de ellos) están a favor del estatuto secesionista de Cataluña, del canon digital o de la negociación con ETA. O bien que (casi) todos los votantes del PP están a favor de la guerra de Irak o en contra de que los homosexuales se casen.

Republica Rojigualda dijo...

”Eso de que "los diputados votan en conciencia según indicaciones de sus electores" suena muy bonito, pero en la práctica significaría que cada diputado votaría lo que le diera la gana en cada asunto, y sus electores no podrían hacer nada por impedirlo. Si ya tenemos transfuguismo con un sistema de disciplina de partido, imagínate si no la hubiera, sería un cachondeo.”
Es en un sistema de disciplina de partido donde los electores no pueden hacer nada para impedir que el diputado vote lo que le mande su jefe de filas. Si no existiera disciplina de partido, el diputado se molestaría en conocer las necesidades y opiniones de su distrito y votaría en consecuencia, porque el diputado sentiría en la nuca el aliento de los electores. Sentiría miedo no ya a no ser re-elegido en las próximas elecciones, sino a ser depuesto mediado el mandato si vota contra los deseos expresos de sus electores.

En las democracias anglosajonas, donde la disciplina de partido no existe, los casos de transfuguismo (entendido como una persona que cambia de partido) son anecdóticos, mucho más que en España. Y es lógico que así sea, porque votar contra los intereses del propio partido no supone ser penalizado o expulsado de esa formación. Además, la política está menos polarizada, porque no se hace una política de bloques o de frentes. Lo que en España algunos llaman “crispación”, allí no existe.

Mario García dijo...

so¿Cómo es posible que unos pocos partidos monolíticos representen mejor a la sociedad que cientos de parlamentarios votando en conciencia o por indicaciones de sus electores?

Porque confundes el tipo de representatividad que supone cada uno de los sistemas.

El voto mayoritario en circunscripción uninominal incentiva el vínculo personal entre el diputado y sus electores, pero elimina el vínculo ideológico.

Pero al final, el problema que se presenta es el mismo: ¿Va el electorado a votar por un tipo que ha tomado una decisión que no le gusta pero con el que coincide en la mayor parte de otros asuntos o va a votar por el candidato de otro partido con el que no tiene nada en común? La consecuencia es bastante similar al voto por lista de partido: el elector vota al que más se le parece ideológicamente.

Pero hay un importante matiz: sólo obtiene representación la corriente política mayoritaria. Con ello, la minoría de esa circunscripción queda sin voz. ¿Vínculo personal? Puede, pero lo cierto es que el diputado va seguir la tónica que le asegure la reelección, y ello no favorece a los intereses de la minoría.

Un sistema democrático no puede sustentarse en la presunta representatividad que se le asigna a un diputado que se debe a la mayoría de votantes de su distrito. Un sistema democrático debe estar preparado para escuchar y tener en cuenta las voces minoritarias presentes en la sociedad.

Lo que en España algunos llaman “crispación”, allí no existe.

Vaya parece que no has seguido la política estadounidense de los últimos ocho años.

Por otra parte, en EEUU las estructuras de partido apenas existen. En un país tan grande, la política se ha desarrollado tradicionalmente sustentándose en la popularidad individual de los candidatos. Ello hace que un candidato de clase media tenga casi imposible obtener representación en los niveles elevados del gobierno: para ser candidato hay que formar un comité propio que recaude fondos (y hasta entonces, sufragarlos uno mismo), y el partido aparece como únicamente una estructura externa que muestra su apoyo.

Es por ello que en EEUU el voto en bloque apenas existe, sencillamente porque el candidato no le debe nada al partido.

No sucede lo mismo en Gran Bretaña, donde los casos de party whips son muy excepcionales, y a menudo degeneran en crisis internas de partido (lo cual, salvo que la división se haya extendido, suele costarle el puesto al diputado porque el partido decide no volver presentarle como su candidato).

Por cierto, en Gran Bretaña echan bufas de su sistema de representación mayoritaria, y ya se habla de introducir un sistema de representación proporcional mixta, que evite absurdas mayorías absolutas.

oraculador dijo...

RR, reconozco que sé poco del sistema británico, igual es tan idílico como lo pintas. Pero me sigue pareciendo todo demasiado teórico, yo prefiero votar por un partido, con un programa y una serie de ideas y posturas más o menos definidas que sé que va a defender, en lugar de votar a un individuo que una vez elegido podrá hacer con mi voto lo que quiera y hasta dentro de cuatro años si te he visto no me acuerdo.

Mario, sobre lo de sustituir los 350 diputados por uno por partido, apuntas cosas interesantes, pero en la práctica cuántas votaciones se han decidido por un voto disidente?

snake dijo...

Totalmente de acuerdo con República Rojigualda.

A Toni Blair no le echo la oposición, sino los diputados de su propio partido.

Anónimo dijo...

Niego la mayor, ¿qué es eso de la representación ideológica? ¿Qué se entiende por ideologías? Un ejemplo clamoroso: masiva manifestación en Madrid contra la guerra de Irak en general y por supuesto contra la posición de la administración española en el asunto. Dicen que asistieron un millón de personas, no se si serían tantos, pero en medio de esa muchedumbre es imposible pensar que no hubiera muchos votantes del PP. La realidad es que días más tarde supimos que Aznar se había reunido con "sus" diputados para asegurarse de que cuando llevase el asunto al parlamento no habría discrepancias y la adhesión sería incondicional. Los diputados sabían bien a quien debían obediencia. No a un distrito al que no representan, no a unos electores que carecen de poder de influencia directo sobre sus diputados, sino a su jefe. El parlamentarismo pone en grave riesgo la separación de poderes entre Ejecutivo y Legislativo; si además se adopta un sistema electoral de listas, dicha separación es ya imposible y el parlamento queda sujeto a los designios del gobierno. Cuando no hay mayoría absoluta, las transacciones oscuras entre unas facciones y otras favorecen esa sujeción. ¿Ideologías? ¿Qué tiene que ver la ideología con la postura del ex-presidente Aznar en la guerra de Irak? ¿Acaso hay que entender que la ideología de los votantes del PP pasaba por defender la postura del gobierno en el asunto de Irak? Cuando se plantean decisiones políticas fundamentales, como aquella, es letal para la democracia el sistema electoral de listas con la obediencia a los líderes que ello supone. Y cuando no se trata de política sino de pura y simple administración de los negocios públicos, tampoco es la ideología lo determinante sino el conglomerado de intereses en juego, que no entienden de ideologías. Hablar de representación ideológica en un mundo en el cual la ideología ha sucumbido a la administración y al enfrentamiento entre intereses particulares contrapuestos es absurdo

Juan