La guerra de las palabras: Capitalismo

martes, 7 de octubre de 2008


La palabra es sin duda la principal arma que tienen las personas en una sociedad democrática libre. La libertad de expresión nos permite trasladar a los demás nuestra visión del mundo, nuestras ideas, nuestros sentimientos y, a la vez, generar en otros sensaciones o pensamientos que les empujen a cambiar de postura en un campo concreto o en toda su visión del mundo. Son las palabras las grandes armas de la democracia. Y es por eso que en torno a ellas existe, desde siempre, una guerra terminológica. No me refiero aquí a las largas discusiones doctrinales sobre vocabulario técnico que caracterizan al estudio del Derecho, de la Filosofía u otras ramas de las Ciencias Sociales, no. Me refiero a la guerra política, a la batalla de las ideas, que empuja a los que en ella combaten a cambiar el significado de los vocablos, a fin de valerse de la carga positiva que puede contener un determinado término, excluyendo otros que pudiesen tener un trasfondo impopular.

Comprender la existencia de esta práctica es imprescindible para evaluar racionalmente las distintas propuestas políticas que nos puedan hacer. Existe siempre el peligro de quedarse con lo superficial, con el mensaje concreto que nos lancen, sin valorar qué ideas se esconden realmente tras unas palabras bonitas y convincentes.

Si hay tres palabras que han sido objeto de especial manipulación política, estas son "capitalismo", "fascismo" y "vida".

1. Capitalismo

El mal entendimiento de lo que es un régimen capitalista ha provocado que, en la inmensa mayoría de los casos, este término sea empleado con una indudable carga negativa. Probablemente, este rechazo popular se debe a la influencia del movimiento obrero y la petrificación en la cociencia social de sinonimias como la que identifica a los "capitalistas" con los empresarios, olvidando el importantísimo papel de los trabajadores en un sistema de libre mercado.

Recientemente, Naomi Klein, una de esas escritoras mediáticas que ganan dinero escribiendo libros contra el sistema, publicó su libro The Shock Doctrine, The Rise of Disaster Capitalism, en el que la autora defiende sin ningún tipo de complejo la relación que existe entre el capitalismo y las crisis socio-económicas. La tesis de Klein afirma que el libre mercado es un sistema cruel, que aprovecha las catástrofes o "shocks" para ir concentrando el poder poco a poco en manos de unos pocos. La autora añade que estas crisis pueden ser reales o prefabricadas, de tal forma que los propios poderosos pueden diseñar con tiralíneas un "shock" que lleve al pueblo a convertirse en borreguitos dispuestos a dejarse guiar por los líderes. La autora nos asegura que esas crisis serían utilizadas para empujar a los ciudadanos a aceptar políticas "liberales" (ella las llama así) que favorecen a unos cuantos empresarios y que en otras circunstancias la gente no aceptaría. Para ello, la autora realiza un ejercicio de cherry-picking, seleccionando algunos acontecimientos que favorecen su visión, excluyendo los que no le interesan, y falseando algunos sucesos (afirma que la crisis política rusa de 1993 no fue más que un conflicto entre neoliberales y demócratas; también asegura que Milton Friedman apoyó la guerra de Iraq, algo objetivamente falso).

Toda la tesis anterior, además de pecar de una temeraria simplicidad, se fundamenta en un terrible error de base: Naomi Klein no sabe que si se produce una injerencia del Estado para favorecer a un sector del empresariado, no estamos ya ante un capitalismo de libre mercado, sino ante un sistema de corte corporativista. Klein ha criticado recientemente el plan de rescate ideado por la Administración americana, afirmando que Bush ha creado un "capitalismo sin riesgos" para proteger a los empresarios. En una entrevista en el programa humorístico de Stephen Colbert, el cómico insinuó irónicamente que era contradictorio criticar al capitalismo y luego sacar al mercado libros con un marcado interés comercial. Klein respondió que ella "competía en el libre mercado", mientras que Bush ha eliminado los riesgos.

Sospecho que o bien Klein no sabe de qué habla cuando dice "capitalismo", o bien está utilizando el término con un mero interés económico, aprovechando el rechazo que provoca en la gente el término, para criticarlo sin piedad. Todo lo que favorece a los ricos y poderosos y perjudica a la gente humilde es "capitalismo".

+info de este tema:
The Klein Doctrine, The Rise of Disaster Polemics, Johan Norberg
Free-marketeering, Stephen Holmes
Shock Jock, Tyler Cowen

4 opinones:

SuperSantiEgo dijo...

Yo me declaro damnificado. Desde que Frege, Wittgenstein y Russell entraron en mi vida nunca pude volver a ver las palabras del mismo modo. Pasa lo mismo con la física moderna: el concepto de "sólido" deja de ser sólido y deja uno de saber dónde pisa.

Hasta hace unos años yo creía tener una cierta idea, más o menos acertada, de lo que era el capitalismo, su origen y su evolución. Gracias a algunas taifas intelectuales que tienen el desahogo de llamarse "liberales" navego en la zozobra intelectual y ya no sé si el capitalismo es sinónimo de comercio y de todo intercambio de bienes o servicios, si es una especie de Espíritu Absoluto que guía ciegamente la evolución de la Historia y al que debemos plegarnos, o una realización humana en la que el ser humano tiene algo que decir y en la que puede decidir cómo quiere o debe ser.

Hector1564 dijo...

Hola,

El término capitalismo lo inventó Marx para referirse (básicamente) a los sistemas económicos en los qie los medios de producción están en manos privadas y que operan en función únicamente del capital invertido y no de otros criterios.

Efectivamente a mi la palabra "Capitalismo" no me gusta sino que prefiero más la de Mercado entendido como toda interacción entre dos agentes económicos para dejar así claro que caben otro tipos de estructuras económicas dentro de él, como el cooperativismo, así como para dejar claro que la política y el mercado no se enfrentan (incluso en la URRSS había mercado), es decir, el negocio de la política no es acabar con el mercado (¡cómo impedir toda interacción económica!) sino dilucidar hasta qué punto ha de ser regulado o coaccionado en su desarrollo.

ADRIAN SERRANO dijo...

No es de estrañar que los significados de ciertas palabras vayan variando en el tiempo, generación tras generación, no hay más que ver la de significados y definiciones que ha tenido la palabra crisis durante los últimos meses.

Si a lo anterior le añadimos que personas como Klein se atreven a publicar sus "opiniones" manejando -manipulando- la información a su antojo el caos de lo que significa una palabra, en este caso capitalismo, se hace más que evidente.

Dando un paso más, si esto mismo ocurre con los profesores de la universidad... entonces nos todos a temblar.

Respecto al comentario que leo ¡cómo impedir toda interacción económica!.. algo que grandes dictadores han intendado, vease la autarquía del régimen franquista u otros ejemplos en la actualidad. Por suerte se quedan en intentos y no impiden la totalidad.

Saludos desde Valencia.

Apostata dijo...

Para mi el capitalismo es como un tazón de café al que hay que llenar para que rebose. Si lo logramos, caen churretillos de café hasta el plato, que es donde habitamos el común de los mortales.

El problema es que al tazón le van creciendo los bordes por semanas, y cada vez hay que hecharle más café, y nosotros, los gilís del plato, somos cada vez más, y tenemos mayores necesidades, y aquí no cae una mierda, y si cae, cae a tirones, de manera desigual, y siempre con la exigencia de que tenemos que arrimar más el hombro para acabar de llenar la puta y ansiosa taza de los cojones.

Bueno, quizá me haya expresado de una manera demasiado sofisticada y técnica, a la par que elegante, pero creo que se habrá entendido.

Estoy deseando leer la segunda parte.

Un saludo