"Hijos de los hombres".

miércoles, 16 de julio de 2008

Acabo de ver una magnífica película que me ha llamado muchísimo la atención. Aunque sé muy poco (o nada) de cine, me gustaría hacer un pequeño comentario sobre ella y recomendarla. Se llama Hijos de los hombres, es de 2006 y su director es Alfonso Cuarón.

Como pequeño resumen sobre la trama, diré que la película se ambienta en Londres, en el año 2027. El mundo se ha colapsado como resultado de una serie de epidemias y batallas que han dejado al Reino Unido como única sociedad organizada en el mundo y han conducido a que la Humanidad sea estéril y no pueda reproducirse desde hace 18 años. Así, el gobierno británico lleva a cabo políticas anti-inmigración y anti-control de natalidad. Nada hace pensar que el sistema haya dejado de ser "tolerante" al menos para los británicos, pero la persecución del Estado contra los inmigrantes ilegales es brutal. La actuación policial se ha militarizado y la simbología patriótica y la propaganda institucional recuerdan al fascismo.

En ese contexto, un funcionario del Gobierno es contactado por un grupo opositor considerado terrorista, llamado los "Fishes", que protegen a los refugiados inmigrantes. El motivo del contacto es la aparición de una inmigrante ilegal embarazada, que debe ser protegida y llevada a un lugar seguro, apartado del poder del Estado, llamado Proyecto Humano, en el que las mejores mentes del planeta estudian y buscan la forma de volver a traer la fertilidad a la Humanidad y para acometer esa misión es necesaria la ayuda del funcionario (interpretado por Clive Owen). Y hasta aquí puedo contar.

Temas y referencias del filme.

La inmigración es uno de los temas principales. La situación mundial lleva a que los extranjeros supongan un peligro, aparentemente, por dos razones: terrorismo y refugio. La situación anárquica y misérrima del resto del planeta lleva a la gente a querer refugiarse en Gran Bretaña, aparentemente más desarrollada y rica, con lo que el gobierno cierra las fronteras para evitar la entrada masiva de inmigrantes. La policía, militarizada, los persigue por las calles y casas y los enjaula (literalmente). Luego los envía a campos de refugiados, que recuerdan a los campos de concentración nazis. El maltrato que sufren recuerda muy de cerca a la situación en que se encuentran los judíos del gueto de Varsovia en la película El Pianista. Hay una escena en la película en la que se ve un edifició en el que residían inmigrantes ilegales y se observa a los policías lanzar las pertenencias de aquellos por las ventanas, usando el mismo método que empleó el ejército alemán contra los judíos polacos. Visualmente, los campos de refugiados recuerdan además a las cárceles de Abu Ghraib o Guantánamo. El trato dispensado a los extranjeros también es una clara referencia a los escándalos de tortura que sacudieron la actuación de EEUU en Iraq. Resulta evidente que la película pretende atacar al sentimiento xenófobo y anti-inmigración que hoy es tan habitual en Occidente.

Simbolismo cristiano. Todo el tema de la fertilidad parece una referencia a la Natividad de Jesús. En un momento dado de la película, ante el llanto del niño, una serie de soldados se ponen de rodillas y hacen la señal de la cruz. El propio nombre de la película está extraído de la Biblia (salmo 90(89):3).

Terrorismo. Los atentados son comunes en Londres, aunque existe la sospecha de que son organizados por el propio gobierno para generar un sentimiento de unidad entre la población. A lo largo de la película, además, se hacen numerosas referencias a la Guerra de Iraq, como si la situación mundial fuese de algún modo resultado de esa contienda.

Como curiosidad, señalar que se hace una referencia a Madrid (que no nos deja en buen lugar) y destacar algunas escenas excepcionales de una sola toma, en las que la misma cámara sigue al protagonista durante varios minutos sin cortes. Es de reseñar una escena de acción que dura más de 7 minutos y que me ha dejado sorprendido por su calidad y su realismo.

He aquí el tráiler:

Contra natura.

viernes, 11 de julio de 2008

Me preguntaba ayer J.N., comentarista de este blog, qué es el Derecho Natural. Es un tema tan apasionante como extenso, y por eso creo que se merece un post para él solo.

El Derecho Natural es el resultado de una corriente filosófica del Derecho, llamada Iusnaturalismo. Esta concepción distingue dos aspectos de la realidad jurídica: el Derecho Natural y el Derecho Positivo.

El Derecho Positivo es el Derecho "puesto", el legislado por el hombre y por tanto cambiable en función de la realidad social y política del momento. Para modificar el Derecho Positivo, sólo hace falta que el órgano encargado de legislar (el Parlamento) dé una disposición legal nueva que sustituya a una anterior.

Por contra, el Derecho Natural sería el conjunto de principios ético-jurídicos absolutamente válidos, inmutables e independientes de la voluntad humana, que el hombre debe plasmar obligatoriamente en el Derecho Positivo. Si el Derecho Positivo contradijese al Derecho Natural, el primero carecería de validez.

Los primeros en recoger esta teoría iusnaturalista fueron los griegos, que hablaban de la Justicia Natural. Aristóteles diferenciaba el "Justo Legal" del "Justo Natural", no pudiendo el primero oponerse al segundo. Los romanos fueron herederos de esta concepción del Derecho y mezclaban habitualmente el Ius con la Moral.

Sin embargo, el máximo explendor del Iusnaturalismo se alcanzó durante la época medieval, con el auge del cristianismo. San Agustín y Santo Tomás fueron defensores de esta concepción. En este sentido, comienza a equipararse al Derecho Natural con el Derecho Divino. Lo "Natural" es la voluntad de Dios, puesto que Él es el creador de todas las cosas, y su voluntad es ley que los hombres deben seguir y plasmar en sus normas postivas. Los iusnaturalistas clasifican el Derecho en Eterno, Natural y Humano-Positivo. El Derecho Eterno es la voluntad de Dios aplicada a todo lo creado en el Universo, como principio ordenador de todo lo que existe. El Derecho Natural es la aplicación de la Ley Eterna al ser humano; es Ley Natural todo lo querido por Dios para el Hombre. La Ley Humano-Positiva es la plasmación de esa voluntad divina en los textos legales. Si éstos se oponen a la voluntad natural de Dios, no son Derecho válido.

La característica principal de Iusnaturalismo es la identificación de Justicia y Derecho. Sólo es Derecho válido el Derecho justo. Y lo justo es lo Natural o lo querido por Dios.

En los siglos XVII y XVIII aparecen dos textos fundamentales para el nacimiento del Liberalismo: El Segundo Tratado sobre el Gobierno Civil, de John Locke, y la Declaración de Independencia de los Estados Unidos de América. En ambos textos, se acude al Derecho Natural para asegurar que los hombres tenemos, por designio divino (y, por tanto, natural), una serie de "derechos inalienables" que ningún gobierno nos puede quitar. Como consecuencia de eso, surge una corriente política liberal, que propugna el llamado "Derecho de resistencia", que legitima la insurreción contra aquellos Estados que atenten contra los derechos naturales de los individuos.

El Liberalismo nace, pues, del Iusnaturalismo racionalista propio de la Ilustración.

Hoy en día, muchos bloggers de Red Liberal, siguen acudiendo a las mismas fuentes que surgieron en el siglo XVIII. Hablan de "Derecho Natural" o de "Derecho Divino" para justificar tal o cual política. De esa manera, evitan racionalizar sus posturas, y se dedican a dar argumentos de autoridad ("Como decía Locke..."). Sin embargo, desde una postura liberal moderna y evolucionada, se pueden hacer varias críticas al Iusnaturalismo.

Críticas al Derecho Natural.

1. No es "Derecho".

Todo sistema jurídico requiere de un aparato coactivo que lo respalde y obligue a su complimiento. Sin este sistema de coacción organizada, el Derecho Natural es simplemente un conjunto de principios morales.

2. No es "Natural".

¿Qué es lo "natural"? Esto es a lo que llamamos la "falacia de la petición de principio". Primero, seleccionamos una serie de valores morales, éticos o religiosos que nos gusten, y decimos que son "naturales". Luego, decimos que estos valores son Derecho Natural inmutable y que las normas legales deben cumplirlos. Ello implica además un segundo error argumentativo, que es conocido como la "falacia iusnaturalista": aunque pudiéramos saber qué es lo "natural", ¿por qué el Derecho tiene que acomodarse a ello? Cuando hablamos de lo que es "natural" nos movemos en un campo descriptivo, de simple conocimiento de la realidad (decimos que "algo es de una manera"). En cambio, cuando hablamos del Derecho nos movemos en un campo prescriptivo (decimos que "algo debe ser de una manera"). No hay ningún argumento que nos lleve a afirmar que "algo debe ser como es". No tiene sentido convertir un juicio descriptivo en un juicio normativo. Sería algo tan absurdo como:

Juicio descriptivo: Las mujeres son discriminadas en el mundo musulmán.

Si lo convertimos en norma:

Juicio normativo: Las mujeres deben ser discriminadas en el mundo musulmán.

3. Atenta contra los derechos de los individuos y da un poder ilimitado al Estado.

Si el Derecho Positivo (el plasmado en los libros de leyes) puede ser superado por el Derecho Natural (no escrito), cabe la posibilidad de que se nos apliquen normas que no conocemos. De suceder esto, se pondría en peligro la seguridad jurídica de los ciudadanos, que nunca sabrían qué esperar del Estado, puesto que en un juicio el Juez podría justificar la sentencia en la Ley Natural sin más. Y a saber qué considera el Juez que es lo "natural".

Afortunadamente, nuestra Constitución obliga a los jueces a someterse únicamente al imperio de la ley (artículo 117) y a motivar en ella sus sentencias (artículo 120.3), lo que sugiere que la concepción que sigue nuestra Carta Magna no es Iusnaturalista, sino Iuspositivista.

Debemos entender, los liberales y los demócratas (de cualquier ideología) del siglo XXI, que el llamado "Derecho Natural" no es más que un apartado de la Moral, y nunca jamás un aspecto jurídico. Lo contrario pondría en peligro los derechos de los ciudadanos al darle al Estado (los jueces son Estado) un poder ilimitado para decidir sobre nuestras personas, más allá de lo querido por la voluntad popular, plasmada en las leyes conocidas.

Eutanasia y libertad.

miércoles, 9 de julio de 2008



Aunque [el] estado natural sea un estado de libertad, no lo es de licencia; aunque el hombre tenga en semejante estado una libertad sin límites para disponer de su propia persona y de sus propiedades, esa libertad, no le confiere derecho a destruirse a sí mismo ni siquiera a alguna de las criaturas que posee, sino cuando se trata de consagrarla con ello a un uso más noble que el requerido por su propia conservación.(...) Porque, siendo los hombres todos la obra de un Hacedor omnipotente e infinitamente sabio, siendo todos ellos servidores de un único Señor soberano, llegados a este mundo por orden suya y para servicio suyo, son propiedad de ese Hacedor y Señor que los hizo para que existan mientras le plazca a Él y no a otro.


Segundo Tratado sobre el Gobierno Civil, Capítulo II, párrafo 6
John Locke


Últimamente he venido leyendo algunas opiniones contra la eutanasia que deben ser enjuiciadas. Creo que lo más característico de estas opiniones es la falta de argumentación racional para sostenerlas. Veamos.


1. Dios ha creado a todos los hombres y sólo Él puede decidir cuándo deben desaparecer.

Este argumento es el peor que se puede dar y es el más antiguo. Como se puede ver en el texto de Locke que he pegado, incluso el padre del Liberalismo lo empleaba en su momento. El principal fallo que tiene es que primero hay que creerse que Dios nos creó a todos (lo cual ya es complicado), y además hay que tragarse que Dios nos ha dado el libre albedrío con el objetivo de que hagamos lo que él quiere (contradictorio, ¿verdad?). También se plantea otro problema: éste sólo sería un argumento moral, propio de cada individuo. Por tanto, no se puede imponer, puesto que quien no crea en Dios no estaría vinculado por él.


2. La eutanasia permite que los médicos acaben impunemente con los pacientes para que éstos no ocupen camas.

Bueno, si no fuera por la seriedad con la que se afirma esto, daría la risa. Este argumento irracional se destruye aplicando un poco de sentido común:

1º. La eutanasia es el deseo libremente formado de acabar con la propia existencia cuando ésta se ha vuelto penosa e indigna para un sujeto. Para que la eutanasia se pueda aplicar, tiene que haber el libre consentimiento del enfermo. Es más, lo razonable sería que se estableciese un control judicial de su aplicación para garantizar al máximo los derechos del individuo. Una muerte sin consentimiento sería un homicidio, no eutanasia.

2º. Así entendida la eutanasia, no se entiende porqué los médicos van a matar a sus pacientes, puesto que no hay nada que les autorice a sobresedar a los enfermos.

3º. Por último, y a modo de mera curiosidad, tampoco comprendo qué interés puede tener un médico en tener camas libres provocando la muerte a pacientes. Es más, suelo oir que a los médicos les disgusta mucho que se les muera un paciente.


3. La eutanasia no es una "muerte digna".

Este argumento es muy pobre. Y lo es porque no tiene argumentación. La eutanasia es una "muerte digna" porque acaba con una existencia indigna. ¿Y quién decide que la existencia es indigna? Pues tal decisión tiene una doble vertiente:

a. Objetiva: un médico (o varios) certifica que el paciente tiene una enfermedad irreversible o terminal que le provoca graves sufrimientos físicos o psicológicos.

b. Subjetiva: establecido lo anterior, el sujeto decide si tales sufrimientos hacen que su existencia sea indigna.

La vida, al contrario de lo que sostienen muchos, no es un valor absoluto, sino que se posee al mismo nivel que los demás derechos. La vida, por lo tanto, no está por encima del derecho a la libertad o el derecho a la libertad de expresión, sino que están al mismo nivel. ¿Quién debería decidir qué derecho está por encima? Pues lo más lógico es que sea el propio paciente y no el Estado, los médicos, o los sacerdotes.


4. Legalizar la eutanasia es como aceptar el suicidio.

Ni mucho menos. Casi todos los suicidios son cometidos por personas mentalmente enfermas. Por lo tanto, su voluntad no se ha formado libremente, sino que está viciada. Cuando la voluntad está viciada, no podemos hablar de libertad, y por tanto se debe evitar la muerte de la persona. La eutanasia, sin embargo, se configura como un deseo racional de morir, libremente formado, que debe instituirse como una situación excepcional. Por cierto, el suicidio no está penado en nuestro Código Penal.


Conclusión.

De momento, no he leído un solo argumento razonable contra la eutanasia, así que, como liberal, apoyo su legalización para que sea el propio ciudadano el que, en esa stuación excepcional, pueda decidir sobre su propia vida. En próximos días explicaré cuál es mi propuesta para la configuración legal de la eutanasia.